Rumbo a América del sur.

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buque4– Vístete, hijo, te irás a América del sur, anunció con inconmovible (1) decisión.

De este modo Rolf Carlé fue embarcado en un buque noruego (2) que lo llevó al otro lado del mundo, muy lejos de sus pesadillas (3). Su madre viajó con él en tren hasta el puerto más cercano, le compró un billete de tercera clase, envolvió el dinero sobrante en un pañuelo junto con la dirección del tío Ruppert y se lo cosió en el interior de los pantalones, con instrucciones de no quitárselos por ningún motivo. Hizo todo esto sin muestras de emoción y al despedirse, le dio un beso rápido en la frente, tal como hacía cada mañana cuando iba a la escuela.

– ¿Cuánto tiempo estaré lejos, mamá?

– No lo sé Rolf.

– No debo irme, ahora yo soy el único hombre de la familia, tengo que cuidar de vosotras.

– Yo estaré bien. te escribiré.

– Katharina está enferma, no puedo dejarla así …

– Tu hermana no vivirá mucho más, siempre supimos que sería así, es inútil preocuparse por ella. ¿Qué sucede? ¿Estás llorando? No pareces hijo mío, Rolf, no tienes edad para comportarte como un chiquillo. Límpiate la nariz y sube a bordo antes de que la gente comience a mirarnos.

– Me siento mal, mamá, quiero vomitar.

– ¡Te lo prohíbo! No me hagas pasar por una vergüenza. Vamos, sube por esa pasarela, camina hacia la proa y quédate allí. No mires hacia atrás. Adiós, Rolf.

Pero el muchacho se escondió en la proa para observar el muelle (4) y así supo que ella no se movió de su lugar hasta que el barco se perdió en el horizonte. Guardó consigo la visión de su madre vestida de negro con su sombrero de fieltro (5) y su cartera de falsa piel de cocodrilo, de pie, inmóvil y solitaria, con la cara vuelta hacia el mar.

amer1wp Rolf Carlé navegó casi un mes en la última cubierta (6) del buque, entre refugiados, emigrantes y viajeros pobres, sin hablar una palabra con nadie por orgullo y timidez, oteando (7) el océano con tal determinación que llegó al fondo de su propia tristeza y la agotó (8). Desde entonces no volvió a padecer aquella aflicción que por poco le induce (9) a lanzarse al agua. A los doce días de viaje, el aire salado le devolvió el apetito y lo curó de los malos sueños, se le pasaron las náuseas y se interesó en los delfines sonrientes que acompañaban al barco por largos trechos (10). Cuando finalmente arribó (11) a las costas de América del sur, habían vuelto los colores a sus mejillas. Se miró en el pequeño espejo del baño común que compartía con los demás pasajeros de su clase y vio que su rostro ya no era el de un adolescente atormentado sino el de un hombre. Le gustó la imagen de sí mismo, respiró profundamente y sonrió por primera vez en mucho tiempo.

Isabel Allende, Eva Luna.

1 – inconmovible : irrévocable / 2 – un buque noruego : un navire norvégien / 3 – una pesadilla : un cauchemar / 4 – el muelle : le quai / 5 – el terciopelo : le feutre (étoffe) / 6 – la cubierta : le pont / 7 – otear : scruter / 8 – agotar : (ici) en voir la fin / 9 – inducir : amener à / 10 – el trecho : la distance / 11 – arribar : accoster.

 

Rumbo a América del sur.
01 El relato.
02 Las 10 preguntas.
03 Unos ejercicios.

 

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