Lo hipnótico de la tele.

Me acuerdo de que Olga Díaz me contó hace mucho tiempo, en Barcelona, una historia de cuando ella era pequeña y se murió Fofó, el payaso de la tele, y ella llegó al colegio y veía a todas las niñas llorando y no entendía por qué las niñas lloraban, si no conocían al puto payaso de nada, si no era ni su tío ni su abuelo. Olga era lo suficientemente mayor ya como para saber que el payaso estaba en la tele y no en su vida. Pero, las otras niñas no hacían distinción entre ficción y realidad. Para ellas, lo que había en la tele era real. De eso hace treinta y pico años.

lo-hipnottv1wpHoy en día, todo el mundo piensa como niños de cuatro años. No saben que la tele no es real. Porque la tele atonta, hipnotiza. La lectura, la radio, el periódico necesitan una interpretación, que el que lee o escuche decodifique lo que lee o imagine lo que escucha; pero con la televisión es diferente, la imagen equivale a la verdad, no hay tiempo para pensar, para abstraer, para reflexionar sobre el contenido.

Pero la tele tiene algunas cualidades que la hacen perfecta como sistema de control. La capacidad hipnótica, por ejemplo: encienda una tele en una sala, bar o espacio, y la acabará mirando enganchado. El periódico tiene una duración limitada, y la radio acaba aburriendo si uno no se pone a hacer otra cosa.

lo-hipnottv4wp Quiero decir que los medios en general destruyen la capacidad para pensar de forma abstracta, y así el sistema consigue lo que se quiere: la participación irreflexiva. Por eso, es imposible una verdadera democracia, porque las decisiones políticas no las puede tomar una masa de niños de cuatro años.

 

Lucía ETXEBARRÍA, Lo verdadero es un momento de lo falso, 2010

El taller de Bel

www.eltallerdebel.com

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