Racismo en un hospital…

‘¿Qué hay de malo en mí?

Texto escrito por Priscillia VARGAS-HERNÁNDEZ, Costa Rica.

 

 

 

     Esa mañana, me sentía muy nervioso. El médico me había indicado que era importante que yo estuviera ahí para ella y para mí también. Había esperado tanto ese momento que hasta me vestí lo mejor posible porque quería dar una buena impresión. Deseaba que todo saliera bien.

     Llegué temprano al hospital así que tuve que sentarme en un asiento en aquel espacio vacío de gente. Yo odiaba esperar y ese día los minutos eran eternos. Cruzaba los dedos de mis manos y mantenía los ojos en el suelo. Minutos después, Ana y sus padres llegaron al hospital.

     Ana fue la primera en llegar. Llevaba un bonito vestido de color de rosa y unos zapatitos negros: no era un día cualquiera para ella. Eligió sentarse a mi vera y luego entraron sus padres. Me pareció que a los dos les molestaba mi apariencia.

     La madre apartó de mi lado a Ana como si yo fuese una amenaza, un delincuente, un asesino. De inmediato, su esposo la tomó del brazo y le cedió su espacio y él se quedó de pie para que así quedara una silla entre ellos y yo como si quisieran protegerse de mí, como si se pusieran a salvo. ¡Nunca le he hecho daño a nadie! Sentí mucha pena, pero, bueno, “así es la gente”. No me atrevía a levantar los ojos del suelo para no ver de frente el desprecio con el que me miraba esa gente engreída. Yo ya veía que les daba miedo porque no me quitaban ojo. Ellos me veían como un bicho raro, a lo mejor por el oscuro tono de mi piel, por ser extranjero, por ser diferente… ¿Qué había de malo en mí? Me tenían entre ceja y ceja, pero, con todo, yo seguía igual, esperando. Esas miradas no hicieron ni mella en mi conciencia.

     Minutos después, salió la enfermera y nos invitó a todos los cuatro a entrar al consultorio. Los padres se quedaron atónitos porque yo también debía entrar. Se mostraron en total desacuerdo con ella, pero cuando indicó que eran órdenes del doctor, se dignaron a tomar a Ana de la mano para entrar a toda prisa.

     Yo me quedé junto a la puerta, de pie, con la vista baja, sintiendo mucha vergüenza de cómo ellos me trataban. El doctor dio la buena noticia de que la operación de la médula espinal de Ana fue un éxito ya que su salud mejoró. Esto les hizo sonreír a ambos padres: se encontraban aliviados de que su hija ahora estaba sana. Pero, seguían sin entender el motivo de mi presencia en el consultorio en un momento tan íntimo. El médico se puso de pie, me rodeó los hombros con un brazo y, dirigiéndose a ellos, les dijo que yo fui el donador de la médula que recibió Ana y que gracias a eso, ella seguía con vida. En vez de ser un momento de alegría, la noticia fue un mazazo.

     Gracias a las palabras del doctor, pude, por fin, levantar la vista y sonreír, así como ver la sorpresa y la vergüenza en sus rostros. Creo que ellos entendieron que mi valor estaba en mi corazón y en mis acciones y no en mi apariencia ni en el tono de mi piel. El extranjero a quien tenían inquina les vino de perlas para salvarle la vida a su hija.

     Ni me agradecieron por mi iniciativa.

 

 

‘¿Qué hay de malo en mí?’
01 El relato de Priscillia. ppsbotton
02 Unas preguntas. ppsbotton
03 El documento de trabajo. ppsbotton
04 El vocabulario. ppsbotton
05 Unas frases. ppsbotton

 

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